Ampliación para candidatura por partido político o como independiente. Veto

El señor NAVARRO.- Señor Presidente, lo dijimos en su oportunidad cuando se presentó esta ley. Esta ley llamada “antidíscolo” lo único que pretende, por cierto, es fortalecer la primacía de los partidos políticos por sobre los independientes, por sobre los ciudadanos; es una ley que reemplaza el concepto de la libertad de las personas por el concepto de la libertad de los partidos.

A mí me extraña que la Derecha, que ha abogado toda la vida por la libertad de las personas, pueda someter la libertad de las personas para garantizar la libertad del partido. Es una contradicción de la cual no podrán escapar.

Claramente, es una ley que busca poner restricciones, no solo a los independientes: poner restricciones a la creación de nuevos partidos; poner restricciones que libremente la gente decida abandonar un partido y levantar una nueva bandera. ¡Esa es la libertad de participación!

Es la clara expresión y el fiel reflejo de que los partidos, desesperados por la fuga de militantes; los partidos, desesperados porque cada día hay menos adhesión ciudadana, quieren entonces fijar normas para sobrevivir.

Esta es la decadencia, por cierto, de la política. Y esto no se arregla con leyes antidíscolos.

Esto no se arregla con leyes que impidan a los militantes dejar un partido para, libre y soberanamente, ser candidatos por otro partido que los interprete.

¡Esa es la libertad de pensamiento!

Siento que la clase política, señor Presidente, y particularmente la Derecha y la Concertación se vuelven a equivocar. No hubo ni una sola iniciativa en la Concertación para terminar con el binominal. Y, como ha dicho Enrique Correa en sus visitas clandestinas a La Moneda, hay que fortalecer el bipartidismo y hay que reinstalar la política de los acuerdos.

¡Eso es lo que ha dicho Correa!

Y, al parecer, eso todavía persiste.

¿Existe igualdad cuando a un candidato independiente se le exige reunir un mínimo del 0,5 por ciento de todas las firmas de los que han votado en su circunscripción?, ¡autorizada ante notario!, debiendo comprar las bases de datos del SERVEL, que son carísimas.

¿Existe igualdad ante la ley cuando a los candidatos independientes se les exige que los patrocinantes de su candidatura no puedan estar afiliados a un partido político y si tienen más del 5 por ciento se anula la candidatura?

Claramente no existe esa igualdad.

El sistema binominal repugna un sistema de libre elección, donde la ciudadanía pueda levantar la candidatura de los más capaces. ¿Por qué dos candidatos por circunscripción? ¿Por qué dos candidatos por distrito? ¡Que haya 5 o 10 candidatos! ¡Que la ciudadanía decida! ¡Que gane el más “mejol” (como diría Leonel Sánchez); que gane el que tenga más legitimidad ciudadana, no el que decidan los partidos, porque, en definitiva, cuando los partidos deciden, entonces los que quieren participar en política tienen que estar apegados a los partidos y obedecer a las directivas de los partidos y no a la ciudadanía.

Por eso que los dirigentes sociales se han alejado. Y la UDI popular, que fundara el Senador Pablo Longueira debiera saberlo. Debieran saberlo. Una ley como esta y el binominalismo van a terminar por destruirlos a todos, no solo a la Concertación, que está ya suficientemente desgastada.

Lo dije el 2008: la Concertación está agotada irreversiblemente. Por eso renuncié. Porque estaba agotada políticamente.

Y si ni la Derecha ni la Concertación entienden que para resolver los problemas de credibilidad de la política no son precisamente leyes que coercionen a los ciudadanos, hay un camino equivocado.

Se quiere evitar candidaturas por fuera.

El Senador Sabag, en su primera elección de Diputado fue candidato a Diputado por fuera de la Concertación…

El señor BIANCHI.- ¡Químicamente puro!

El señor NAVARRO.-…y luego regresó.

Alcaldes de todos los partidos renuncian a los partidos, son candidatos por fuera, ganan y luego vuelven a sus partidos.

Lo que quiero decir es que, en definitiva, hacen uso de su libertad de elegir. Ponerle restricciones a fin de poner -comillas- este orden vertical, autoritario, monárquico me parece absolutamente improcedente. Si hay un desafío, señor Presidente, es precisamente terminar con el binominal. Tener la posibilidad de que cada grupo de personas, cada grupo -los indígenas, los evangélicos, los que quieran- puedan tener candidatos, que pueda haber participación real…

–(Aplausos en tribunas).

Y que para eso tengamos una Constitución que posibilite la expresión de las mayorías y la expresión de las minorías. ¡Expresión de las mayorías, expresión de las minorías y, por cierto, derechos de las mayorías, derechos de las minorías!

Creo, señor Presidente, de que este proyecto de ley, aunque -comillas- mejora la condición para que el PRO y Marco Enríquez tal vez puedan, por cierto, inscribir su partido -y me parece legítimo- no termina con su pecado original. Este pecado original de cómo se concibe: como una ley restrictiva, como una ley que pretende resolver la baja adhesión o la deserción mediante restricciones, obligaciones y particularmente impedimentos de participar.

Señor Presidente, nos hace falta una reflexión profunda de por qué los jóvenes no quieren participar, de por qué los jóvenes en cientos de miles se movilizan y han copado La Alameda, aquella que dijo Allende “se abrirán para que pasen los hombres libres”, porque había más de cien mil jóvenes en la marcha del jueves en la Alameda Bernardo O´Higgins. Porque hay un sentimiento profundo de cambio. Porque lo que se quiere es participación. Porque este Parlamento, cuando discute un conjunto de leyes y le da la espalda a la demanda ciudadana de educación pública nacional, de una educación pública para Chile y discute la agenda que tiene programada, es darle la espalda a la ciudadanía. Porque este Parlamento no requiere la a ciudadanía. Basta que tenga mi partido, me lleve como candidato y haya dos candidatos y no tenga donde elegir: miti-miti. ¡Ese es el tema! ¡50 por ciento para la “Concerta”, 50 para la Derecha!

¡Eso es lo que garantiza el binominal, donde 33 es igual a 66! ¡Este es el único sistema del mundo!

Yo emplazo a mis colegas Senadores que me digan en qué lugar del mundo el 33 por ciento es igual al 66 por ciento.

¡Solo en Chile! ¡En la tesis de Pinochet, en la Constitución del 80, en la Constitución que permite…

El señor PROKURICA.- ¡En Cuba!

El señor LARRAÍN.- ¡En Cuba 1 es igual a 100!

El señor NAVARRO.- Yo le quiero decir con mucha humildad al Senador Larraín, a quien estimo, de que en mi circunscripción saqué la primera mayoría…

El señor LARRAÍN.- ¡Yo también!

El señor NAVARRO.-…y también la primera nacional por la gente.

Y quiero decirte que eso se hace con trabajo. No hay otra fórmula para los que no tenemos ni apellido, ni plata ni padrinos -¡ni apellido, ni plata ni padrinos!- que trabajo, trabajo, trabajo.

¡Esa es la fórmula!

Y, por lo tanto, yo quiero decir cuando los partidos insisten en regular la participación, cuando los partidos insisten en tener leyes como estas y no estar preocupados de lo que me ha dicho el Director del SERVEL, de que haya inscripción automática y voto voluntario funcionando, de que haya la premura. Yo lo dije. Tengo sobradas razones para pensar de que aquí se votó a favor la inscripción automática, pero la verdad es que no quieren apurar el tranco.

Tenemos que tener inscripción automática, porque 3,6 o 3,5 millones de chilenos que nunca han votado van a poder votar; van a poder votar el 2012, van a poder votar el 2013. Nunca han votado. Y lo han hecho por decisión propia. Y el 2012 y el 2013 lo harán si así lo deciden. Se levantarán ese día en la mañana y tomarán esa decisión. Es por respeto al cumplimiento de las palabras y particularmente de la claridad, la transparencia en la política que este Congreso debe tener terminada esa ley para que ello ocurra, para que en definitiva incorporemos a esos 3 y medio millones de ciudadanos para que sí puedan votar.

Creo que esa es la única ley que hemos aprobado en los últimos años que se orienta, de verdad, a aumentar la participación. Una ley como esta, más allá de lo que ha dicho el Senador Zaldívar, que en definitiva va a permitir la inscripción del PRO -bienvenido, habrá que inscribirse-; el MAS es el único partido político de Izquierda en los últimos 40 años en Chile que ha podido inscribirse en el sistema de partidos políticos. ¡El único en los últimos 40 años! Porque tenemos un sistema que impide la participación política y que hace de la hegemonía de la política la única forma de participación. “O eres partido político o no tienes forma de participar. Y para ser partido político te ponemos todas las dificultades posibles”.

Inscribimos el MAS. Hay dos partidos que están en inscripción. Se ha inscrito, por cierto -está el PRO, el PRI-, en definitiva, partidos que comienzan a dar pasos de mayor representación, pero que no son suficientes.

Señor Presidente, esta ley -tal como lo hice la vez pasada- la voy a votar en contra, porque creo que efectivamente lo único que hace es centrarnos en un debate sobre aquello que es lo que no debemos hacer: poner trabas a la participación ciudadana, restringir la libertad de las personas de decidir. Los partidos tienen que cumplir un rol en la sociedad.

Yo con orgullo he militado más de 30 años de mi vida. Creo en los partidos políticos, por tanto, participo en uno de ellos. He creado un partido político. Pero los partidos tienen que ir entendiendo de que se deben a la sociedad, se deben a la ciudadanía y que la mejor fórmula es dejar que esa ciudadanía se exprese para brindar esas mayorías y esas minorías.

Este proyecto de ley, aunque se mejora, aunque permite que un partido pueda inscribirse, mantiene el pecado original de ser un proyecto de ley que busca restringir la participación ciudadana, que busca dar prioridad y primacía a los partidos políticos y yo creo que la primacía y prioridad de los partidos se gana llegando al corazón de la gente, trabajando por la gente con honestidad, en definitiva, haciendo política con mayúscula.

Voto en contra, señor Presidente.

¡Patagonia sin represas!

¡Nueva Constitución, ahora!

He dicho.

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