“ARTICULO AEROPUERTOS”

Seguridad en aeropuertos Carriel Sur y Arturo Merino Benítez en riesgo por masiva presencia de aves.

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La presencia de vertederos en las cercanías de instalaciones del aeropuerto Arturo Merino Benítez, en Santiago y Carriel Sur, en Concepción, violan abiertamente la normativa internacional sobre medidas de seguridad aviaria, por el incumplimiento en nuestro país, especialmente en lo que dice relación con la existencia de vertederos, en funcionamiento o no, en las cercanías de los aeropuertos, los que están expresamente prohibidos por la Organización de Aeronáutica Civil Internacional.

Así, entre el 5 y el 15 de octubre de 1999, en la Tercera Reunión Regional de Navegación Aérea, que se desarrolló en Buenos Aires, se aprobó la conclusión 4/10, la que en su letra e), recomienda a los estados, entre otras medidas, que se evite el establecimiento de lugares de depósitos de desechos en torno a los aeropuertos y, en el caso de que esto sea inevitable, éstos se ubiquen a por lo menos 13 kilómetros de los mismos.

El incidente ocurrido el domingo 17 de diciembre de 2000 en el aeropuerto Arturo Merino Benítez, que por suerte no pasó a mayores, ha dado paso a una discusión que no debe centrarse solamente en la camioneta, en el daño de las ruedas del avión o en la pericia del piloto. El tema aquí es la presencia de las aves, que explican la necesidad del vehículo involucrado. Y las aves están, entre otras cosas, porque hay varios vertederos en los alrededores del aeropuerto, donde ellas llegan a alimentarse.

La ubicación de estos vertederos afecta de forma directa la seguridad de las maniobras aéreas, su cercanía incide negativamente en los planes de desarrollo y expansión del área de movimientos, lo cual restringe su crecimiento en el futuro cercano y la altura que vaya alcanzando la disposición de residuos en esos vertederos puede reducir o limitar la capacidad operacional del principal terminal aéreo del país.

Una situación igual de grave es la que se vive en el recientemente inaugurado Aeropuerto Carriel Sur- donde un vertedero en funcionamiento, que recibe 11 mil toneladas de residuos domiciliarios mensuales, está a 200 metros de la pista de aterrizaje, lo que en los últimos años, según datos entregados por la propia Dirección General de Aeronáutica Civil, en mayo de 1999 a la Subsecretaría de Aviación, ha significado la ocurrencia de 50 incidentes aviarios, la mayoría de ellos impacto de éstas con las naves, y cinco que fueron ingestiones de aves por turbinas.

Lo más grave en este caso es que en este radio de seguridad de 13 kilómetros hay, aparte del vertedero Carriel Norte, otro en funcionamiento administrado por la misma empresa, Servimar Ltda., la que como si fuera poco, ha presentado un proyecto a evaluación ambiental para un relleno sanitario, que se ubicaría a poco más de 8 kilómetros de la pista del aeropuerto. Es decir, podríamos llegar a tener 3 vertederos en el radio de seguridad, lo que francamente parece descabellado, toda vez que los dos primeros no cuentan con autorización sanitaria ni con plan de abandono, lo que significa que aunque los cerraran hoy, la presencia de pájaros seguiría existiendo.

El complejo tema de la presencia de aves en los aeropuertos, ha acreditado acciones y gastos que ha debido realizar la DGAC y la jefatura del aeródromo -definido como alternativo al Arturo Merino Benítez- para hacer frente a este tema empezando por la activación de un comité de prevención del peligro aviario que integran representantes de las líneas aéreas, la Dirección Regional de Aeropuertos, la Onemi, la Brigada Aeropolicial, la Universidad de Concepción y el municipio de Talcahuano.

A la fecha, la DGAC ha debido implementar el uso de dos escopetas calibre 16, con un costo de 200 mil pesos cada una, que gastan 150 mil pesos anuales cada una en municiones; tres cañones sonoros a gas licuado ubicados estratégicamente, con un valor de 150 mil pesos cada uno y un consumo anual para cada cañón de 100 mil pesos, a lo que debe sumarse el mantenimiento de ellos que sumado alcanza a 250 mil pesos anuales.

Como se puede ver, la inversión realizada por la DGAC en equipamiento preventivo fue de casi 16 millones de pesos y los costos de mantención anual alcanzan fácilmente un millón y medio de pesos, cifra no significativa y que revela la necesidad de aumentar la inversión en prevención urgentemente.

Pese a esta preocupación real de la autoridad aviaria que debe distraer recursos a estos fines, y su clara posición en pos del cierre de los vertederos cercanos a los aeropuertos, ratificado en el oficio Nº3177, dirigido a la Corte de Apelaciones de Concepción, de fecha 9 de julio de 1999, en el marco del proceso generado por el recurso de protección que presenté el 29 de mayo de ese año solicitando el cierre definitivo de Carriel Norte.

La seguridad aviaria en nuestro país estará expuesta a la ocurrencia de accidentes y, lo que es peor, cuestiona la credibilidad de nuestros aeropuertos, lo que evidentemente podría repercutir en la decisión de las líneas extranjeras de utilizar rutas alternativas, lo que claramente no ha sido la idea al momento de realizar las inversiones que se han hecho para modernizar la infraestructura de muchos aeropuertos del país. Al eliminar esos vertederos reducimos una de las variables negativas más importantes, favoreciendo así la seguridad aviaria.

Por ello he solicitado a la DGAC que inicie acciones legales en el caso del Aeropuerto Arturo Merino Benítez y en todos los aeropuertos del país donde la existencia de esta situación contravenga la normativa nacional e internacional y además se haga parte en el recurso de protección que hemos presentado para pedir el cierre del vertedero Carriel Norte.

Espero reunirme en los próximos días con la Municipalidad de Talcahuano y con el general Mario Avila, Director de Aeronáutica Civil de Chile e insistir en obtener una rápida respuesta de la ICAO a la presentación que hiciera en noviembre pasado.

Lamentablemente, este tema pareciera ser muy técnico y por ello no es de preocupación cotidiana de la gente, sin embargo los municipios involucrados en la resolución de este tipo de conflictos, en este caso Talcahuano y Pudahuel, deben participar más activamente, especialmente en el cierre y erradicación de los vertederos, toda vez que un accidente aéreo podría terminar en una tragedia, tanto para los pasajeros como para aquellos sectores poblados que existen en sus cercanías y, además, porque un aeropuerto seguro, atractivo para las líneas aéreas y para los pasajeros, abre espacios para generar fuentes de trabajo y de actividad económica.

ALEJANDRO NAVARRO BRAIN
DIPUTADO

Fuente: Oficina Parlamentaria

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