“Chile y Bolivia son países vecinos, no países enemigos”

Diputado Navarro y alcances de la sesión especial de la Cámara:

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Su convicción de que “Chile y Bolivia son países vecinos y no países enemigos”, manifestó el diputado Alejandro Navarro, quien dijo que “nuestro país debe encarar el problema, porque le conviene es hacerlo, ya que un proyecto de integración estratégico, fundado sobre la base de un acuerdo mutuamente conveniente con Bolivia, es la base para convertir a nuestras regiones del norte en un gran polo de desarrollo asociado al sur de Perú y al noroeste argentino”.

El parlamentario del PS señaló que “está claro que la reivindicación marítima boliviana va ganando apoyos y voluntades en el concierto latinoamericano, mientras la posición de Chile se debilita sensiblemente. Detrás de esta situación a una cuestión de contexto, que se vincula con la “percepción de aislamiento” de nuestro país en el concierto regional. Pero además, de modo sustantivo, la misma se fundamenta en el carácter gastado, ahistórico y profundamente antipopular del discurso chileno frente al reclamo boliviano.

Navarro indicó que “para los bolivianos la demanda marítima tiene connotaciones ideológicas y está profundamente asentado en el sentir y el saber popular boliviano, que la causa profunda del subdesarrollo se vincula directamente con la mediterraneidad y carece de sentido tratar de demostrar con ejemplos en la mano que no poseer la cualidad marítima es necesariamente garantía de subdesarrollo, y a la inversa”.

El legislador indicó que “la posición chilena se resume en la reafirmación del principio de intangibilidad de los tratados, en este caso el de 1904. La controversia es para los chilenos materia de historiadores, juristas y diplomáticos. A partir de ello hay una visión que considera que no existe ningún problema pendiente; los territorios que conformaron el antiguo litoral boliviano fueron conquistados por Chile de acuerdo al derecho internacional, y por ello no debe dialogarse con el fin de entregar una salida al mar y, se estima que Bolivia es débil e incapaz de ganar respaldo para su causa, mientras que la posición chilena es sólida y firme”.

El diputado indicó que “visto desde afuera, no parece tan simple. Cualquiera que mire nuestro extenso litoral puede pensar que nuestra política representa la mezquindad y la arrogancia del poderoso frente al débil. Es precisamente este el juego de Chávez, tímidamente el de Lula y lo será probablemente, el de Fidel Castro. Atribuir estricto carácter bilateral al diferendo pasa a ser débil y poco convincente, además de que es apreciado como un subterfugio que trata de eludir la sustancia del problema”.

“Lo concreto -agregó- es que el tema de la mediterraneidad es el único asunto que a Bolivia le interesa tratar con Chile, y que este es, como contraparte, el único asunto que Chile se niega a tratar con Bolivia. Así, cualquier iniciativa que se emprenda desde el lado chileno, en cualquier campo y con cualquier propósito, esta destinada al fracaso. Ejemplo de ello es el tema del gas que tomó dirección al atolladero político que las hizo naufragar, pese a la evidente ventaja económica que la alternativa chilena representaba y representa”.

Navarro señaló que “todo hace suponer que el 2004 será un año clave, no sólo porque se cumplen cien años del tratado de 1904, sino además, porque es posible que las nuevas tendencias lleguen a cristalizar, y no precisamente a favor de nuestra política. Además, ya sea por la cuestión del gas, la erradicación de los cultivos de coca o para impedir que Evo Morales llegue al poder, Washington puede concluir la necesidad de poner punto final a este asunto, instando a Chile a resolver la cuestión de manera urgente. También podría ocurrir que una potencia como Brasil haga sus propios cálculos y resuelva actuar en consecuencia”.

El parlamentario dijo que “Chile debe encarar el problema, más allá de cualquier consideración, porque le conviene hacerlo. Nos conviene políticamente, porque de lo contrario se corre el riesgo de verse enfrentado a una derrota internacional de proporciones. Nos conviene económicamente, porque un proyecto de integración estratégico, fundado sobre la base de un arreglo mutuamente conveniente con Bolivia, es la base para convertir a nuestras regiones del norte en un gran polo de desarrollo asociado al sur de Perú y al noroeste argentino”.

Finalmente Navarro indicó que “por ello, la alternativa no debiera ser otra que la considera un corredor paralelo a la Línea de la Concordia. Esta fórmula aparece como la más razonable, pues no implica cortar el territorio chileno, manteniendo la continuidad. La misma requiere del compromiso de Perú. Nuestra política tradicional está tocando techo. Y si cuando cambian las circunstancias, que es lo que parece estar aconteciendo, no se procede a cambiar, o al menos a matizar la política, se está cometiendo un error que no se compadece con los éxitos de la política exterior de Chile”.

Prensa Oficina Parlamentaria

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