El internacionalismo de la intolerancia

Hasta hace no tanto tiempo atrás en Chile aún se entendía por internacionalismo la solidaridad activa y recíproca que se ejercía desde un pueblo a otro, cuando se compartía un camino o destino común.

Así, por ejemplo, hubo chilenos que combatieron en la guerra de independencia de Cuba, el último país en ser liberado del imperio español en América, destacándose entre muchos de ellos, Pedro Vargas Sotomayor, quien incluso llegó a alcanzar el grado de general. Por cierto fue el internacionalismo de Vicuña Mackenna el que permitió gestionar y hacer llegar apoyo material a esa lucha, tanto que incluso que ese gesto quedó reflejado para siempre en la primera bandera cubana que tiene la misma forma y colores que la nuestra, aunque distribuidos de otra forma y está en la testera de la Asamblea Nacional del Poder Popular de ese país hermano.

Otros compatriotas combatieron, tanto desde el lado de las fuerzas militares bolivianas como paraguayas en la Guerra del Chaco, llegando a ocupar altos cargos, sin renunciar a su nacionalidad. Un caso destacado fue el de Gonzalo Montt, que después del conflicto siguió la carrera diplomática en Paraguay y en su homenaje un fuerte fue bautizado con su nombre.

Más tarde, se sabe de la participación de a lo menos 25 chilenos en las Brigadas Internacionalistas que combatieron a favor de las fuerzas republicanas en la Guerra Civil española.

Nicaragua y El Salvador también conocieron de la generosa solidaridad internacionalista de los chilenos, que destacaron por su gran presencia, combatividad y porque muchos de ellos colaboraron posteriormente en importantes tareas de gobierno.

En la actualidad muchos profesionales chilenos, en distintos momentos, se han sumado a grupos humanitarios internacionalistas que han concurrido en apoyo del pueblo palestino.

Otros, desde su vocación religiosa también han abrazado la solidaridad activa a través de las misiones, como la que acaba de emprender el sacerdote Felipe Berríos, rumbo a Burundi.

De esta forma, con esta generosidad que muchas veces la historia oficial de Chile oculta, han sido cientos o miles los chilenos y chilenas que, por diversas motivaciones han partido, en distintos tiempos, temporal o permanentemente a entregar su aporte humano generoso a pueblos que lo necesitan.

En política, particularmente en lo que tradicionalmente constituía la izquierda chilena, el internacionalismo era un principio nítido, muchas veces incluso expresado en sus propios estatutos. Sólo por poner un ejemplo, el Nº5 de la declaración de principios que emanó de la fundación del Partido Socialista, en 1933, se titulaba Internacionalismo y Antiimperialismo Económico. Curiosamente ese principio sigue apareciendo en la declaración de principios que hasta el día de hoy está en la web de ese partido.

En esta lógica no fue extraño, por cierto, que muchos chilenos partieran a unirse a la guerrilla del Ché Guevara en Bolivia o participaron de su red de apoyo. Allí están los nombres de Elmo Catalán y de Beatriz Allende para testimoniarlo. Ahí está también el gesto del entonces presidente del Senado, Salvador Allende que, sin sacar cuentas de ninguna especie, brindó protección a los sobrevivientes de la guerrilla de Ñancahuazú que pasaron hasta Chile y los acompañó hasta Tahití donde fueron recibidos por el embajador cubano en Francia, el que los escoltó de vuelta a la mayor de las Antillas.

Pero como al parecer el tiempo no pasa en balde. Hoy nos enteramos de que el internacionalismo como fue conocido y practicado por muchos chilenos en la historia ya no existe. Y lo peor, es que fue cambiado por una nueva versión, una que es exactamente lo contrario de la anterior.

El internacionalismo de moda en nuestro país, más alineado con las potencias económicas y militares que con eventuales aliados ideológicos, ya no es el de las luchas y las causas emancipatorias de antaño. Al contrario, este internacionalismo posmoderno busca ayudar a establecer la hegemonía capitalista-neoliberal en el mundo, a partir de una curiosa estrategia: hacer creer o tratar de hacer de creer que todo el resto del mundo debe ser, pensar y vivir como Chile.

Así en los últimos meses y días hemos visto una seguidilla de declaraciones y acuerdos que buscan cuestionar los actos, procesos o formas en que se expresa la política interna, o peor aún, la cultura y la idiosincrasia de otras naciones. En un acto de arrogancia supremo hemos visto como se aprobó un proyecto de acuerdo suscrito por diputados de la UDI, RN, el PRI y la DC que califica como un crimen la ley de aborto recientemente aprobada por España, su Congreso y su gobierno, en una clara intromisión sobre las formas de gobernarse que, nos gusten o no, son las que los ciudadanos de ese país han decidido darse tras un largo debate.

Así también se ha aprobado otro proyecto de acuerdo, firmado por diputados de casi todos los partidos de oposición y gobierno, condenando “los actos de segregación y discriminación de género que se están produciendo en algunos países miembros de la comunidad internacional”, que escudándose en este caso en lo que ciertamente para nosotros es la cruel aplicación de la pena de muerte por lapidación, esconde una serie de prejuicios respecto de los países árabes y musulmanes y sus culturas milenarias.

Y en los que ya se ha convertido en un deporte nacional para algunos parlamentarios de derecha y de la Concertación, se aprobó un enésimo proyecto de acuerdo contra el gobierno de Venezuela, esta vez cuestionando la transparencia de unas elecciones que todavía ni se realizan.

Por cierto llama la atención que en la mayoría de los casos, estos proyectos sean siempre contra los mismos países. Pareciera que para los autodesignados defensores de la libertad, la vida y la democracia los derechos humanos que dicen defender sólo se afectan en esas naciones. Pareciera que la pena de muerte sólo existe en Medio Oriente pero no en EEUU; que existe partido único sólo en Cuba y no en China; que los resultados electorales son sospechosos en Venezuela, porque ganan los socialistas y guardamos silencio cuando Bush le “ganó” a Gore en medio de un proceso a lo menos confuso y nada transparente.

Peor aún, quienes rasgan vestiduras para hacer estas “denuncias”, guardan un silencio que retumba cuando se trata de los derechos humanos de los mapuches a los que se les aplica la Ley Antiterrorista de Pinochet, o cuando las elecciones en este país siguen haciéndose al amparo del sistema binominal que todos dicen rechazar pero que nadie quiere cambiar, pero sobre todo cuestionando y calificando la construcción de las democracias en distintas latitudes, cuando nosotros seguimos siendo regidos por una Constitución antidemocrática por definición y que fue “aprobada” en el peor de los regímenes de terrorismo de Estado que el mundo recuerde.

Es lamentable que la incapacidad de gobernar de algunos y la imposibilidad de hacerse una autocrítica y organizarse como una oposición de verdad, por parte de otros, termine cristalizando en estos nuevos “consensos”, articulados en torno a este nuevo internacionalismo, el internacionalismo de la intromisión, de la arrogancia y de la intolerancia.

Alejandro Navarro Brain

Senador

Fuente: Blog La Tercera

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  1. justicia
    Julio 21, 2010

    estimado senador solo quiero que se refiera a los despidos de los 200 trabajadores pesqueros que el dia de ayer se quedaron sin su fuente de ingresos y ademas quedan muchos de ellos con la insertidumbre de no saber como sacar a su familia adelante ya que el terremoto les asoto en sus hogares los cuales ya no existen y ahora esto de no tener trabajo para ayudar a sus familia. que pasa que se puede hacer para ayudar a estas personas que requieren ahora de sus autoridades. yo no espero nada del gobierno de piñera ya que se que el gobierna para algunos y no para la clase trabajadora de nuestro pais.
    los empleo que ofrecio piñera finalmente se estan transformando en desempleo.
    senador pronunciese respecto a esto la gente lo quiere y quiere escuchar su opinion respecto a esto. ayudemos al pueblo que hoy nesecita de todos nosotros.

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