Homenaje en memoria de ex senador don Luis Corvalan Lepez recientemente fallecido

El señor NAVARRO.- Señor Presidente, señores Senadores, Diputados que nos acompañan, Dirigentes del Partido Comunista de Chile presente, familiares de don Luis Corvalán que nos honran con su presencia, señora Lily Castillo, viuda de don Luis Corvalán, gracias por estar aquí; compañeras y compañeros, señoras y señores:

Imagen: radio.uchile.cl

He solicitado hacer uso de la palabra en este Senado para rendir homenaje a Luis Corvalán Lépez, quien falleció el pasado 21 de julio, no solo por tratarse de un ex Senador de la República, sino por tratarse, sin duda, de un actor relevante de muchas décadas de la política chilena, cuyo legado la historia sabrá recoger en muchas de sus páginas.

Y aun cuando lo lógico sería partir haciendo una reseña biográfica de la extensa y fructífera vida de Luis Corvalán, describiendo algunos aspectos de su labor parlamentaria, como se usa en estos casos, o enumerando los múltiples hechos y momentos políticos de los cuales le tocó ser protagonista en nuestro país, la verdad es que, leyendo los numerosos antecedentes que he tenido a la vista, he preferido quedarme con el ser humano que fue hijo de Moisés y Adela, padre, esposo, padre, profesor normalista, reportero, militante, dirigente y parlamentario a lo largo de envidiables casi 94 años.

Y aunque en esta Corporación debiera destacar que Luis Corvalán fue Senador por la entonces Séptima Agrupación Provincial, que comprendía Ñuble, Concepción y Arauco, para el período 1961-1969 y por la Tercera Agrupación Provincial, que consideraba Aconcagua y Valparaíso, para el período 1969 a 1977, prefiero decir que me he sentido honrado de saber que, aunque nació en la localidad de Pelluco, en la actual Región de Los Lagos, allá por 1916, estudió en el Liceo de Tomé, en el que su padre, don Moisés Corvalán Urzúa, fue profesor, un Tomé que tantas veces he visitado como parlamentario.

Decir que a partir de ahora, que he conocido antecedentes de su infancia y juventud, recordaré que don Luis y Renán Fuentealba jugaron siendo aún niños en los patios del Liceo de Tomé, que conoció y recorrió centenares de veces, como yo mismo lo he hecho, el Cerro California, el Cerro Estanque, Coliumo y Dichato, sectores tradicionales, llenos de identidad, donde vive gente modesta, pero de mucho esfuerzo y trabajo.

En adelante, no olvidaré contarlos a los jóvenes de Tomé que se empinan en los movimientos sociales, en la inquietud cívica, sindical y política, que hombres de la talla de Luis Corvalán tomaron la decisión de expresar sus ideales, valores y principios ingresando a militar -en su caso, al Partido Comunista de Chile-, tras una reunión a la que asistió en esa comuna, a comienzos de 1932, invitado por un zapatero de apellido Palma, y que la primera manifestación en la que participó fue una marcha callejera y un mitin que se realizó en Tomé el día que cayó el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, el 26 de julio de 1931, invitado por Manuel Cid.

Podré contarles a los jóvenes de la Provincia de Ñuble que en Chillán, Luis Corvalán se formó como maestro en la Escuela Normal de esa ciudad, que ocupaba entonces una manzana completa frente a la Plaza Victoria, donde los jóvenes con vocación de enseñar no solo aprendían los mejores métodos de educación de la época, sino que también debían enseñar en una escuela rural o campesina, dedicar un día a la semana a aprender y desarrollar tareas agrícolas y, en definitiva, usar la vieja parcela en que se encontraba la escuela normal en Chillán Viejo y hasta donde debieron trasladarse permanentemente luego de que el terremoto del 39 derrumbara el edificio de Chillán.

Por cierto, durante su estadía en Chillán el joven Corvalán pudo conocer de cerca los efectos de la llamada “Gran Depresión capitalista” de 1929 y del cierre de las oficinas salitreras en el norte, que se tradujeron, por cierto, en cientos de familias enteras que volvieron a sus tierras de origen campesino buscando reinsertarse, pero que durante mucho tiempo, como él mismo pudo constatar, concurrían diariamente hasta las puertas traseras de la Escuela Normal para recibir las sobras de la comida, lo que lo impresionaba y reafirmaba en sus convicciones fuertemente.

Como profesor, se desempeñó en la Escuela Santa María de Iquique, la misma en que se había perpetrado la matanza de la que se conmemora más de un siglo, luego en Valdivia, y más tarde nuevamente en Iquique, esta vez en la Escuela Centenario N° 6, construida con los aportes de la numerosa colonia china de esa ciudad.

Tras haberse desempeñado en el vespertino Frente Popular y haber sido secretario personal del entonces Secretario General del Partido Comunista, Carlos Contreras Labarca, se integra a las labores periodísticas en el Diario El Siglo, del que más tarde llegaría a ser su director.

El 1950 fue elegido por primera vez como miembro del Comité Central de su partido, del que también fue Encargado Nacional de Propaganda, para más tarde, entre 1959 y 1989, ser su Secretario General, es decir, por 30 años.

Tras asumir como Senador por la que actualmente es la Región del Biobío, que hoy me honro en representar, integró las Comisiones de Economía y Comercio, de Educación pública de ese entonces y la Comisión Mixta de Presupuestos.

En la Sala del Senado alzó su voz en muchas ocasiones, tanto para plantear temas y problemas de la Región como para fijar posición sobre diversas cosas de interés nacional, muchas de las cuales siguen siendo tema de preocupación actual.

Entre sus primeras intervenciones vemos: homenaje a Lenka Franulic, tras su deceso; reclamando por la represión de Carabineros a una manifestación estudiantil; hablando sobre el nuevo Gobierno instalado en Cuba tras la Revolución; hablando de la modificación de las leyes sobre sueldos del personal de las Fuerzas Armadas y Carabineros; señalando la situación de los damnificados por el terremoto de 1960; hablando sobre los problemas de las provincias de Ñuble, Concepción y Arauco; hablando sobre el problema de los arroceros de Ñiquén, sobre la constitución de sindicatos agrícolas, sobre la jubilación de los obreros mineros, sobre las infracciones a la justicia social, sobre problemas de la Escuela Normal de Chillán y unificada de San Carlos; sobre la maquila ante los compradores de molino; sobre las rentas del Magisterio nacional; sobre la rebaja en Ferrocarriles y líneas aéreas a delegaciones deportivas; de la detención arbitraria de una persona en Curanilahue; del desalojo de mapuches en la reducción de Hueñalihuén, en Cautín; sobre la planta y sueldos del personal del Servicio de Prisiones.

Han cambiado tal vez los nombres, pero muchas de estas problemáticas siguen vigentes.

También son muy recordadas al menos tres de sus intervenciones en la Sala del Senado, manifestando su posición crítica al proyecto de reforma agraria presentado por el Gobierno de Jorge Alessandri, así como la que pronunció el 11 de julio de 1971, a propósito de la modificación constitucional que permitió la nacionalización de la explotación del cobre. También cuando intervino para rendir homenaje a la memoria del asesinado Presidente norteamericano John Kennedy.

Entre sus mociones más destacadas, está la que proponía nacionalizar la Compañía Chilena de Teléfonos, la Compañía Chilena de Electricidad, la industria salitrera nacional. Otras mociones suyas tenían que ver con introducir modificaciones a la Ley de Propaganda Electoral, que buscaba beneficios, por cierto, para la transparencia del sistema electoral. Porque aun cuando le rendimos homenaje en su condición de ex Senador, lo más seguro es que Luis Corvalán será recordado por su dilatada trayectoria como dirigente del Partido Comunista de Chile, heredero de legado de Luis Emilio Recabarren y de Elías Lafferte.

Hay que aprovechar esta ocasión para decir a quienes fueron sus adversarios políticos y algunos que podrían hoy tener esa calidad que Luis Corvalán no es la caricatura de quienes quieren rebajar su tremenda calidad humana y capacidad política recordando que alguna vez le dijeron “Condorito”, o quedándose en frases que en su momento fueron sacadas de contexto para tratar de justificar una represión dictatorial, como cuando anunció la política Rebelión Popular de Masas o cuando dijo que tras los hechos de Carrizal Bajo había que guardar algunos “fierros”, por si las moscas.

Luis Corvalán fue un enorme dirigente político que en la génesis y en la dirección del proceso de la Unidad Popular fue un incansable e intransigente defensor de la línea que buscaba ampliar la base social y política del Gobierno del Presidente Allende y que, por sobre todas las cosas, siempre estuvo del lado de quienes creían que el camino de la construcción del socialismo chileno o la vía chilena al socialismo estaba pavimentada por la democracia y la paz.

Tras el golpe militar Corvalán fue detenido el 26 de septiembre camino a su casa de seguridad. fue llevado a la Escuela de Telecomunicaciones de Antonio Varas y luego a la Escuela Militar. También estuvo preso en la Escuela de Infantería de San Bernardo, en isla Dawson, en los campos de concentración de Ritoque y Tres Álamos, para ser finalmente expulsado del país el 18 de diciembre de 1976 y ser “canjeado” en Zurich, por el entonces disidente soviético y hoy candidato Vladimir Bukovski, para asilarse en la Unión Soviética mientras Bukovski partía a Estados Unidos.

Pese a todo lo vivido su detención fue, por cierto, uno de los peores golpes que recibió cuando su esposa y una de sus hijas llegaron hasta Tres Álamos el día que no era de visita para lograr hablar con él por cinco minutos en el descanso de una escala para comunicarle que su hijo Luis Alberto, de veintiocho años, ingeniero agrónomo, militante de las Juventudes Comunistas de Chile, había fallecido en Bulgaria.

Luis Alberto había sido detenido el 14 de septiembre de 1973 y recluido en el Estadio Nacional, donde fue torturado con golpes y aplicación de electricidad con especial crudeza el día 17 de ese mes, según lo señalaron los testigos ante la Comisión Rettig. Posteriormente fue trasladado al campo de concentración de Chacabuco, siendo liberado el 30 de julio de 1974. se radicó en México y luego en Bulgaria. Es este último país los médicos le indicaron que su salud se encontraba sumamente resentida. El informe Rettig dice, en su página 114, que la Comisión adquirió la convicción de que en su muerte tuvieron responsabilidad agentes estatales que le infligieron torturas por las cuales durante su detención se convirtieron en una violación de derechos humanos que afectaron su salud.

Por eso, en noviembre del año pasado, don Luis y su esposa y sus familiares, junto a la agrupación de familiares de ejecutados políticos presentaron querellas por los casos de Luis Alberto y de Arnoldo Flores Echeverría, Óscar Tapia Leyton, cuyas muertes aún siguen sin tener responsable ni sanciones.

Por eso, quienes conocieron la preocupación permanente de don Luis Corvalán por la verdad y la justicia saben que en las últimas semanas de su vida estuvo muy preocupado por la nueva ofensiva de impunidad para violadores de Derechos Humanos que efectivamente se suscitan a partir de un debate eventual de ese indulto general. Él nunca estuvo por la revancha ni el odio. Pero sí por la justicia y la verdad y, por sobre todo, contra la desmemoria que insiste en tratar de insertarse en nuestra sociedad.

La partida de Luis Corvalán ha sido noticia no solo en Chile, sino en gran parte del mundo, porque como líder de su partido por tantos años, uno de los partidos comunistas más antiguos y arraigados del mundo, recorrió el globo entregando el mensaje de construcción del socialismo chileno, solidarizando activamente con aquellos pueblos que luchaban por su materialización.

Por eso, fue también durante su detención en Chile que recibió una enorme solidaridad internacional y que en su dilatada vida recibió numerosas distinciones que están allí para testificarlo: Premio Lenin de la Paz, que le entregó la Unión Soviética en 1974; el Grado de Doctor Honoris Causa, que la concedió la Universidad Autónoma de Puebla, en junio de 1977; la Medalla Julius Fucik, de la Organización Internacional de Periodistas; la Orden Carlos Marx, de la República Democrática Alemana; la Orden Playa Girón de Cuba; la Orden Jorge Dimitrov de Bulgaria; la Orden Clemente Gotwald de Checoslovaquia; la Orden de la Gran Estrella de Hungría; la Orden Tudor Vladimirescu de Rumania; la Orden Suje Bator de Mongolia; la Insignia de Honor del Komsomol de la Unión Soviética; la Medalla Artur Becker de la Juventud Libre Alemana de la RDA: la Medalla de la Federación Sindical Mundial; la Medalla Joliot Curie del Consejo Mundial de la Paz; la Medalla de la Federación Mundial de la Juventud Democrática; la Medalla 17 de Noviembre de la Unión Internacional de Estudiantes, y las Medallas de Honor de las ciudades de Bolognia y Parma, en Italia.

El pasado 6 de junio de este año su partido le había entregado la máxima distinción: la Medalla Luis Emilio Recabarren.

Y como no todo es política, el 30 de octubre de 2008, también el Servicio Nacional del Adulto Mayor, SENAMA, lo premió por su trayectoria pública.

Consecuente hasta el final, hace algunos años atrás, en una entrevista que le hizo la Biblioteca del Congreso Nacional, ante la pregunta: ¿Cuál es su legado?, él, sencilla y naturalmente, respondió: luchar hasta el último día de mi vida. Y así fue.

Por eso, hoy, mi saludo y respeto a la memoria del ex Senador Luis Corvalán, los que transmito con afecto y con cariño también a su compañera de siempre, a sus hijos, a su familia, a sus compañeros de partido. Porque como decía Martí: “Se es más cuando se vive entre buenos, y con cada bueno que se va se es un poco menos”.

Tras la partida de don Lucho Corvalán -porque le decían, por cierto, “don Lucho”-, ciertamente somos un poco menos.

Por ello, en adelante, ante las múltiples tareas que deberá enfrentar la Izquierda chilena, su figura, al igual que Salvador Allende, de Gladys Marín, de Carlos Lorca, de Víctor Jara y tantos otros, seguirá estando presente para acompañarnos en estos procesos, en los que seguramente le habría gustado participar.

Por eso, con cariño y cercanía, pero también con respeto, Luis Corvalán será recordado siempre como ¡don Lucho!, el compañero Corvalán.

Muchas gracias.

He dicho.

–(Aplausos en la Sala y en tribunas).

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