Mi manifiesto: Alejandro Navarro, senador del MAS

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Estoy con licencia médica media jornada. Es un alivio volver a caminar después de pasar tres meses en cama. Tengo cuatro vértebras fracturadas, que operaron con resina sintética para no meterme fierros y no tener que perforarme. Ahora hago reposo en la mañana, voy al kinesiólogo y por las tardes, trabajo. Los martes y jueves viajo al Congreso. Espero integrarme por completo a fines de diciembre.

Los dolores físicos son puntuales, pero tener que pasar por un hospital y estar dos meses encerrado en mi casa ha hecho que me sienta un león enjaulado.

Me dolieron mucho las palabras de la ministra Matthei. Encuentro que cuando un adversario político está en el piso, no puedes mofarte. Y ella lo hizo conmigo, poniendo en duda la condición de mi accidente. Sabiendo que estaba postrado en cama, la escuché reírse en televisión. Estoy esperando volver al Senado para responderle a esta ministra que trata a la Cámara de huevones y no pide disculpas.

Ahora colecciono radios antiguas, tengo más de 20 radios en la casa.

He tenido 36 empleos en la vida. A los seis años empecé a ayudar a don Manuel a vender flores y él me pagaba con verduras. Trabajé como obrero con mi papá. Vendí calcomanías y electrodomésticos. Fui joyero dos años y medio y le hice las argollas de matrimonio a varios amigos.

Estudié Geografía un año y medio, con beca 100%. Mi papá me mandaba la plata del seguro de cesantía para que pudiera alojarme. Después me retiré, sentí que no le podía hacer eso a mis hermanos.

Mi primera moto la compré en Chiloé, cuando trabajaba de laboratorista en mecánica de suelos en Castro, durante 1979. Cuando entré a la U. de Concepción, en 1982, yo era mechón y andaba en moto. Muchos de mis amigos aprendieron a andar en moto con mi Yamaha. Pertenezco al club de motoqueros “Los leones de Penco”, y no me da susto volver a la moto, al contrario, me quiero comprar una del 50.

Me encantan las películas de ciencia ficción y la clase de política que da Corazón valiente: un paralelo entre traición, compromiso e idealismo.

Estudié Filosofía y Licenciatura de la Educación. He hecho clases en la Universidad del Biobío a estudiantes de Arquitectura, Ingeniería Civil y carreras técnicas. Para mí, la U. del Biobío es la mejor universidad pública de Chile. Mis alumnos saben que el profesor Navarroes de izquierda, díscolo y en mi cátedra se habla de política. He dejado botados al Presidente Lagos y a Bachelet por hacer clases.

Nací en Conchalí, viví hasta los 18 años en Recoleta y de ahí me fui a trabajar a Chiloé; allí viví cuatro años. Después me fui a Concepción, donde llevo más de 40 años.

En Conchalí vi desde el techo de mi casa el bombardeo de La Moneda. Mi mamá gritaba histérica, pidiendo que nos bajáramos. Me acuerdo del humo y de las frases de Allende en radio Magallanes, el llanto de mi tía Julia Brain, una allendista acérrima.

Un recuerdo que tengo intacto de mi mamá es que hasta que fuimos grandes ponía un chupete a una botella de vidrio y nos daba leche con chocolate en esa mamadera. Y mi papá, que era obrero, una navidad estaba cesante y no teníamos plata para comprar el árbol. Entonces nos hizo un pino de pascua con madera y lo tapamos con papel de volantín verde.

Ahora estoy leyendo El reino del miedo, de Tom Green, que trata de la inquisición. Siempre retomo Cien años de soledad.

Allamand tiene las mejores condiciones para proyectar el camino presidencial por la derecha. El no es un mal tipo, sólo discrepamos en lo político. En la Concertación, creo que es un error poner todos los huevos en la canasta de Bachelet, porque depender de su decisión es un error que se puede pagar caro.

Lo mejor del gobierno de Piñera es que ha demostrado que la derecha puede tener preocupación social y que no es patrimonio de la izquierda. La derecha lo puede hacer bien o mal, como alterar los resultados de la Encuesta Casen para bajar la pobreza. Pero Piñera demostró que se podía hacer lo que Velasco tantas veces nos negó.

Con mis hijas Araxza y América fuimos a todas las marchas estudiantiles. Pedimos permiso, las voy a buscar al colegio y nos vamos a marchar.

El momento más duro de mi vida fue cuando nació mi hija menor, Antonia, que es un milagro. Pesó 700 gramos, midió 31 centímetros, estuvo cuatro meses en incubadora y hubo que operarla del corazón. Nos fuimos a vivir a Santiago, por razones médicas, a Tobalaba con Carlos Antúnez. Hoy, la Antonia tiene seis años, es una bala, muy inteligente e hiperventilada. Está súper bien, pero cualquier crisis respiratoria hay que hospitalizarla varias semanas.

Mi mujer es médico. Llevamos 26 años juntos y nunca nos hemos casado. Yo no creo en el matrimonio, no garantiza nada. Eso lo hace el amor.

Fui actor de radioteatro. Mis tíos eran actores y actrices de radioteatro en radios Portales y Pacífico. Participaron en Doctor Mortis, La tercera oreja, Lo que el viento se llevó. Soy socialista y colocolino por estos tíos.

Los fines de semana me gustaría jugar fútbol. Jugué de 9 y 7 en el Tricolor de Conchalí, fui seleccionado juvenil de Recoleta y jugué por la Universidad de Concepción.

Creo en “El gran arquitecto” como gran constructor. No creo que seamos los huachos del Universo, creo que hay vida más allá de las estrellas.

Pertenezca al club” de motoqueros “Los leones de Penco”, y no me da susto volver a la moto; al contrario, me quiero comprar una del 50.

Ahora colecciono radios antiguas, tengo más de 20 radios en la casa.

 

Fuente: La Tercera

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