Modificación a legislación sobre expendio, comercialización y producción de bebidas alcohólicas

El señor NAVARRO.- Gracias Presidente, se ha pedido por el Senador De Urresti una segunda discusión. Por lo tanto, estamos tranquilos respecto de la votación. Tendrá que ser en otra oportunidad, no ahora.

Yo quiero llamar la atención, Presidente, de que en el año 2002, miércoles 2 de octubre de 2002 y bajo el boletín 3881-11 ingresamos un proyecto para el etiquetado de las bebidas alcohólicas que tenía un conjunto de elementos severos, importantes, necesarios, con la firma también del Senador Horvath. “Proyecto de ley que modifica la ley 18.455 sobre alcoholes en lo relativo a etiquetado de bebidas alcohólicas”.

Este proyecto se vio frenado -esta debe ser la cuarta, quinta vez que intervengo en la Sala- en la Comisión de Agricultura. Se tramitó durante cuatro años. Asistieron, por cierto, todos los viñateros, todos los representantes de los exportadores, todos los productores de las más variadas bebidas alcohólicas. Y terminó archivado, bajo la promesa -y el Senador Coloma, que presidía (no está en la Sala, señor Presidente), Juan Antonio Coloma- de que lo se iba a hacer: se iba a fusionar con el de Salud para tener un proyecto equilibrado, porque lo que se planteaba que nuestro proyecto de ley, con el Senador Horvath, era un proyecto demasiado rudo.

Señor Presidente, Emilio Bogani tiene una obra muy importante que se llama El alcoholismo, enfermedad social. Y como es una enfermedad social, no es reconocido como tal.

El uso inmoderado del alcohol causa pérdidas al patrimonio nacional por casi 3 mil millones en un año, millones de dólares, ¡3 mil millones de dólares!

Y diversos estudios de la Universidad de Chile, de la Facultad de Ciencias Económicas, han revelado que esa cifra no disminuye.

El análisis demuestra que cada año se pierden 2 mil 969 millones en problemas derivados del consumo de alcohol, equivalente a la construcción de más de -¡escúcheme bien, Presidente!- 300 mil viviendas básicas o 4 mil 500 consultorios equipados por año.

Y el país, ¿cuánto es lo que recibe de impuestos en materia de venta de alcoholes? (Tenemos 3 mil millones de dólares de gasto directo) Recibe una suma moderada: 813 millones.

¿Es acaso un negocio para el Estado gastar 3 mil millones al año en las derivadas de salud, de los impactos en la salud de las personas, sin hablar del daño familiar, sin hablar del daño social que provoca el alcoholismo en el seno de una comunidad, en el seno de una familia?

El mayor impacto del consumo de alcohol está en la baja productividad laboral. Cabe señalar -y hay diversos informes de las facultades de economía de muchas universidades- se cifran en alrededor de 2 mil 83 millones de dólares y más de 110 millones de dólares están directamente relacionados respecto de, efectivamente, el costo laboral y el costo productivo.

Las enfermedades que el alcohol desarrolla son extraordinariamente largo de señalar, señor Presidente.

Lo que es claro es que el consumo de alcohol en Chile, lejos de decrecer, aumenta.

El 50 por ciento de los jóvenes comienza a toma alcohol antes de los 17 años y hay incluso un 5 por ciento que lo hace antes de los 12 años.

Y los estudios del consumo de drogas en Chile elaborado por el CONACE ¿qué nos revelan? Nos revelan que esto ha prendido más en mujeres menores de edad. Se ha producido un fenómeno complejo de analizar, pero se está consumiendo más alcohol a menor edad y un mayor consumo en mujeres.

Y eso lo que va a pronosticar -como todos los informes nos señalan- de que efectivamente vamos a tener un problema de salud pública que se expresa, por cierto, en que -esto es increíble, señor Presidente- de la muerte en accidente, la principal causa de muerte en accidente en jóvenes de 18 a 23 años es por el consumo de alcohol en accidentes automovilísticos.

¡Los jóvenes se mueren en Chile no por enfermedades: se mueren en accidentes de tránsito!

La principal causa de muerte en los jóvenes en Chile es por los accidentes donde hay consumo de alcohol.

Por lo tanto, el proyecto de ley del etiquetado es presentado para desincentivar el consumo; no para aumentarlo.

¿Me da un minuto, señor Presidente?

Y yo, lejos de reclamar, que debiera ser un pacto entre los Senadores el tratamiento de los proyectos, ya que cuando hay proyectos de ley simultáneos en Comisiones estos se fusionaran o a lo menos a los autores que hemos trabajado durante años -¡años!- fuéramos incluidos en el informe. Porque teníamos una posición distinta, como le consta al Senador Coloma -que ha llegado a la Sala, señor Presidente- en la Comisión de Agricultura cuando discutimos largamente, por varios años, años, este proyecto de ley de etiquetado de bebidas alcohólicas.

Por tanto, señor Presidente, yo espero que mañana, como hay segunda discusión, podamos revisar. Vamos a pedir votación artículo por artículo. Hay situaciones absolutamente inaceptables, como es la restricción de la publicidad radial solo de dos horas al día, de las 16 a las 18 horas, que efectivamente no apuntan en el sentido de desincentivar.

Creo que es una decisión personal; sin embargo, estamos hablando de políticas públicas de salud y estamos hablando de políticas públicas de protección a la vida. Y en este sentido, el mercado ni el libremercado pueden determinar cómo vamos a legislar cuando se trata de materias públicas.

¡Patagonia sin represas!

¡Nueva Constitución, ahora!

¡No más AFP!

He dicho, Presidente.

 

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