Navarro, el todoterreno

Pasó en la mitad del verano, cuando la mayoría de los chilenos está de vacaciones y le importa cualquier cosa menos la política (menos aun que en el resto del año). Pasó en Concepción, cuando las noticias que suelen acaparar la atención de los medios y la clase política ocurren en Santiago. Tuvo como protagonista a una Intendenta, que por muy conocida que sea en la zona, no representa todavía una figura de relevancia nacional. Aun así, el senador Alejandro Navarro se las ingenió para construir un potente hecho político a partir de una irregularidad que, como muchos han señalado, no reviste gravedad suprema.

Hay que decirlo: Navarro es un monstruo político. Pertenece a la estirpe de los todoterrenos, la misma de Francisco Chahuán, Guido Girardi y, en menor medida, Lily Pérez. No están para sobreintelectualizar, están para estar donde hay que estar. No son los oradores del siglo pasado, saben cuánto vale una buena cuña. No todos pololean con la cámara a-la-MEO, pero saben qué andan buscando los medios y saben cómo entregarlo. No cargan con los apellidos de la elite, generalmente se hicieron solos. Se levantan antes que el resto y se acuestan después. Son senadores porque había que doblar la apuesta, pero en el fondo siguen siendo diputados. Por lo mismo les sale cómodo estar en la oposición, y cuando son gobierno les tira el discolaje interior.

Se diferencian de sus pares del Senado: los solemnes, los burócratas y los ideológicos. Los primeros son los que nacieron para ocupar un escaño en la cámara alta, que acumulan incontables primaveras y que funcionan como referentes éticos de sus respectivas tiendas: Jovino Novoa, Andrés Zaldívar, Mariano Ruiz Esquide, Eduardo Frei. Los segundos son los que arman la máquina, los que llevan la insignia del partido, los que se erotizan con las instituciones: Camilo Escalona, José Antonio Gómez, Juan Antonio Coloma, Alberto Espina. Los terceros son los todavía creen que la política se trata de ideas, los que se van de tesis, los que quieren entender a Chile: Hernán Larraín, Fulvio Rossi, Pablo Longueira. Por supuesto, hay otras especies. Y algunos pertenecen a más de un clan.

Sin embargo, si alguien todavía se pregunta cómo diablos Chahuán le ganó a Lavín en la V Costa, observe detenidamente a Navarro: 99% de transpiración. Ni Joaquín ni Jacqueline los vieron venir.

posteado por: Cristóbal Bellolio en El Post

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