Profundo pesar por fallecimiento del Presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías

Sesión 102ª, miércoles 06 de marzo de 2013

El señor NAVARRO.- He querido hacer uso, en esta hora de Incidentes, de la palabra en nombre del Movimiento Amplio Social, el MAS, partido que dirijo; partido que en la fundación y en sus estatutos se ha definido como “bolivariano”, es decir, un partido que aboga por la integración de América Latina.

En el día de ayer, hemos recibido la noticia dolorosa del fallecimiento del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías. Se consuma así una larga agonía de una penosa enfermedad, de este maldito cáncer que logró derrotar al Comandante Chávez.

Chávez va a ser recordado en la historia de Venezuela, pero también en la historia de América Latina.

Quiero recordar que la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), diseñada intelectualmente por el Presidente Chávez. Diseñada operativamente por 32 naciones de América Latina, y presidida en su fundación por el Presidente Sebastián Piñera de Chile, está allí para dar cabida a un proceso de integración que no tiene barreras ideológicas.

Quiero agradecer el gesto político del Presidente Sebastián Piñera, quien ha anunciado que va a asistir a Caracas a los funerales del Presidente Hugo Chávez.

No pueden, en este momento, barreras ideológicas de ningún tipo, ponerse primero que un sentimiento de profundo pesar por el fallecimiento de un Presidente de la República que durante 14 años estuvo al frente de un país, de una importancia estratégica profunda para América Latina. Un país rico en petróleo, rico en su gente y con un proceso denominado “Revolución bolivariana” o “Socialismo del siglo XXI”, que ha dado un ejemplo político que, por cierto, cuenta con detractores, pero que creo que cuenta con una amplia adhesión a través de la mayoría de los países de América Latina.

Chávez no desaparece. Chávez vivirá en el corazón de los venezolanos. Chávez vivirá en el corazón de los bolivarianos.

Como dice Alí Primera, que equivale a Víctor Jara en el canto popular de Venezuela: “Los que mueren por la vida no se pueden llamar muertos y está prohibido llorar”.

Quiero señalar que no pedí en esta hora de Incidentes ni al comienzo de la sesión un minuto de silencio. Quiero señalar que si llegamos a pedir, en cualquier ocasión, va a ser un minuto de aplausos.

Creo que el Comandante Chávez, Presidente democrático de la República Bolivariana de Venezuela merece una gran despedida.

Vamos a concurrir a sus funerales a despedir a un amigo, a despedir a un Presidente democrático, a despedir a un hombre que pudo haber sido controversial, pero que nadie puede negar el tremendo arraigo, la profundidad del cariño que el pueblo de Venezuela y el liderazgo de carácter mundial que Chávez logró, fundó y desarrolló desde la Presidencia de Venezuela.

Habrá, por cierto, una visión retrospectiva más justa para Chávez.

Creo que particularmente no se logra comprender en mi país, en Chile, el carácter de un Presidente afrocaribeño. La expresión innata de la mezcla de razas y de sangres que Venezuela tiene en la sangre africana, en la sangre india y en la sangre española.

Chávez expresó la unión de la comunidad cívico-militar. Siendo un militar, un estratega, un Comandante, logró tener la mayoría de la aprobación del pueblo de Venezuela. Y tal como lo dijo el 8 de diciembre del 2012, cuando partió a su tercera operación a La Habana, Cuba: No sé si volveré, y le pido al pueblo de Venezuela pueda apoyar, si yo no vuelvo, a Nicolás Maduro.

Allí estuvo el Chávez militar, el Chávez de la estrategia. Allí estuvo el Chávez que designa a uno de sus oficiales para cumplir con su deber. Cuando escuché esa frase de Chávez, no pude sino recordar la arenga de Prat arriba de la Esmeralda: “…mis oficiales sabrán cumplir con su deber”.

Hoy día, el desafío del pueblo de Venezuela es dar cuenta de una elección democrática, garantizada, en mi opinión, por la mejor Constitución de América Latina: la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Constitución que cuenta con la aprobación del 71,6 por ciento de los electores, de los ciudadanos de Venezuela.

Una Constitución que consagra el principio del referéndum revocatorio; es decir, la contraloría ciudadana. Cumplida la mitad del mandato, desde un concejal hasta el Presidente de la República, puede haber revocación del mandato. Una Constitución que consagra plebiscitos vinculantes desde todos los niveles, municipal hasta presidencial. Una Constitución que consagra, por cierto, la presencia indígena, de los pueblos originarios, en el Parlamento. Una Constitución que consagra el voto de los venezolanos en el exterior. Una Constitución que establece que, efectivamente, haya iniciativa popular de ley; haya un Ombudsman, un Defensor del Pueblo y muy especialmente una Constitución que consagra la expresión del debate de toda la ciudadanía en Venezuela, una Constitución bolivariana que pone dentro de su Constitución la integración de América Latina como uno de los elementos fundantes de la política de Venezuela.

Por eso que algunos, tal vez, no logran comprender por qué ese Gobierno y ese Presidente trabajaron firmemente en este proceso de integración: por el sueño de Bolívar, la patria grande. Por eso que cuando saludo a mis amigos venezolanos los llamo “compatriotas”, porque somos parte de esa patria de Bolívar, la que queremos construir, ojalá, en un futuro no lejano.

La desaparición de Chávez es solo física. Tengo la convicción, tengo el conocimiento de que el proceso bolivariano está sumamente arraigado en el pueblo, en el corazón de los venezolanos y en el corazón de América Latina.

Chávez tuvo los “cojones” de enfrentar a los poderosos, de enfrentar al imperio, de desafiar a los Estados Unidos.

Fruto de una inteligencia natural, de un carisma extraordinario, el Presidente Chávez logró liderar un proceso que va ser percibido… como dicen en Venezuela: “Bolívar nace cada 100 años”. A partir de hoy, creo que cuando hablemos de América Latina, cuando hablemos del sueño de Bolívar, vamos a hablar también del sueño de Chávez, y será una responsabilidad, un desafío moral, ético, político, social para aquellos que nos definimos como bolivarianos, el hacer realidad ese sueño.

Yo espero que la sociedad chilena logre percibir con más nitidez, con el transcurso del tiempo, el legado de Chávez.

Cuesta comprender tal vez una sociedad como la de Venezuela, que tiene el mayor índice de felicidad de todo el mundo, cuesta comprenderla porque tenemos una sociedad en Chile que estamos en el lugar 24 o 25. Cuesta comprender que a veces el tiempo en Venezuela no existe; que en tacos que pueden detenerte tres horas no hay un solo bocinazo. Cuesta comprenderla porque allí llenar el estanque del 4×4 equivale a menos de un dólar. Muchas veces se paga en combustible muchos menos que la propina que se le da al vendedor.

Chávez puso el petróleo, la principal riqueza de Venezuela, un país que tiene las mayores reservas mundiales de petróleo del mundo comprobadas, a disposición de su pueblo e hizo una distribución del ingreso. Algunos critican el modelo, y es parte de la libertad. Efectivamente, se hizo distribución efectiva del ingreso: por primera vez, ciento de miles de venezolanos tuvieron posibilidad de ingresar a la educación superior, de tener vivienda propia, de tener acceso a la salud. Veintitrés mil médicos cubanos están hoy día trabajando en Venezuela.

Y, por cierto, Venezuela sigue contribuyendo con Cuba a través del petróleo. Pero no es gratuito. La fuerza la laboral, la fuerza médica, la convicción moral de estos médicos cubanos que trabajan en Venezuela, forman parte de un proceso de integración que yo ya quisiera en Chile.

Cuando en los consultorios hay colas, como aquí se decía, y la gente tiene que estar a las cinco y media de la mañana para poder tener atención de un especialista, yo quisiera que muchos médicos cubanos pudieran venir a Chile si los médicos chilenos no quieren trabajar en los consultorios. Porque en definitiva las fuerzas de América Latina están para hacer más felices a los ciudadanos de América Latina.

Y siento, entonces, que Chile requiere revisar esta conducta y, particularmente, esta visión que tiene del Presidente Chávez: afrocaribeño, militar, un hombre venido desde abajo. Lo conocí en Chile, lo conocí en la campaña presidencial del 2007 en Barinas, Santa Inés, localidad de nacimiento; conocí a sus padres; conocí a Adán. Estuvimos en la campaña trabajando, acompañándolo. Y la verdad es que hay que estar en Venezuela para notar, conocer y sentir el cariño del pueblo hacia el Presidente Chávez.

Allí hay una unidad cívico-militar desconocida para nosotros. Allí la burguesía venezolana, la que administró el petróleo durante décadas, no para el servicio de los venezolanos, jamás se preocupó ni de estar en la política ni de estar en las Fuerzas Armadas. Por eso que las Fuerzas Armadas venezolanas son de una extracción popular tremenda. Allí la elite no iba a las Fuerzas Armadas. Fueron despreciadas. Por eso que las Fuerzas Armadas bolivarianas son fuerzas armadas con un compromiso de clase, con un compromiso político y social. Por eso que las Fuerzas Armadas respaldaron este proceso.

En Venezuela hay una democracia profunda, legítima. Y lo digo en mi más absoluto convencimiento y la más concreta racionalidad: el sistema democrático venezolano, el sistema electoral venezolano es infinitamente, ¡infinitamente!, ¡infinitamente! más democrático que el chileno, por las razones que hoy he dicho, principalmente por su Constitución.

Es por eso que, más allá del dolor que nos produjo ayer la noticia del fallecimiento del Comandante-Presidente Hugo Chávez Frías, quiero decir en mi condición del Presidente del Partido MAS, Movimiento Amplio y Social, en mi condición de Presidente del Grupo Amistad Chile-Venezuela, que este fallecimiento es una pérdida no solo para los venezolanos; es una pérdida para el mundo entero.

Hay quienes han cuestionado la política del petróleo de Venezuela. Pero quiero decir que por primera vez esa riqueza natural estuvo en el Brown, allí en Nueva York, prestando servicio a los barrios pobres de los Estados Unidos. Estuvo en Nicaragua, estuvo en El Salvador, estuvo en Argentina. No estuvo en Chile. Cuando Chávez viene a Chile, en medio de la crisis del Transantiago, conversando con nuestros amigos ministros, se me preguntó en qué podría colaborar Venezuela con la Presidenta Bachelet.

El Presidente Chávez tenía un especial cariño, aprecio, amor por la Presidenta Bachelet -dicho en términos que yo sé que el Presidente Chávez…-, de amor político. Porque entre Chávez y Allende, entre el proyecto bolivariano y el proyecto del socialismo a la chilena de Allende hay un corto trecho.

Quiero decir que en esa ocasión el Presidente Chávez dijo: “Si el problema es el costo del Transantiago, vamos a operar con el mecanismo de contribución del petróleo que tenemos para América Latina”. Sesenta por ciento del costo real; el 40 por ciento a uno por ciento en veinte años, lo que significaba, por cierto, una posibilidad real de bajar los precios y de disminuir el costo a los obreros, a los trabajadores, a los empleados que utilizan el Metro. Y esa proposición no fue aceptada, al igual que la concesión de la faja del Orinoco.

Lo conversamos con Enap hace años: la faja del Orinoco, la concesión de Ayacucho, la más rica, la faja petrolera en Venezuela no fue empleada por Chile, y Enap tuvo una pérdida de más de mil millones de dólares porque una barrera ideológica impidió esa integración.

Yo felicito al Presidente Piñera, que deja de lado esa barrera ideológica y viaja, en una delegación oficial del Estado de Chile, a las exequias, al funeral del Presidente Hugo Chávez.

Son momentos dolorosos para los venezolanos; son momentos dolorosos para la gente de los pueblos de América Latina. Y los Presidentes de América Latina así lo han manifestado.

Chávez fue controversial; pero fue un Presidente profundamente democrático.

Yo solo espero que en estas horas de dolor se respete el derecho al dolor, al duelo de la familia del Presidente Chávez, al dolor y el duelo del pueblo de Venezuela, porque ya allí existe un camino trazado: en 30 días habrá elecciones. Está trazado.

¿Será Nicolás Maduro el próximo Presidente de Venezuela? Yo tengo la convicción de que sí, porque el 60 por ciento de la Asamblea Nacional de Venezuela, elegida democráticamente, es del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), por la última elección de gobernadores. Allí no hay designación a dedo; no se eligen los intendentes, como en Chile, a dedo. Allí hay elección popular de los gobernadores. De los 23 Estados, 20 gobernadores son chavistas. Y, por cierto, más del 70 por ciento de los alcaldes, que se eligen por mecanismo directo, son también chavistas. Y hace dos meses el Presidente ganó con un 56 por ciento la elección presidencial.

No tengo ninguna duda de que el proceso de la revolución bolivariana está garantizado con el liderazgo de Nicolás Maduro y también, por cierto, con esa tremenda popularidad que hoy día el Presidente Chávez delega en Nicolás Maduro.

Habrá un difícil camino. Es una batalla electoral. Yo espero que se haga con respeto, sin intervención extranjera, sin intervencionismo de ningún tipo, y que se respete el derecho del pueblo de Venezuela a trazar su camino, a afianzar su camino, que en definitiva es la revolución bolivariana.

Señor Presidente, con mucho dolor y mucho sentimiento, quiero decir que no sentimos que el Presidente Chávez desaparezca, porque sus ideas y el chavismo, cuando se hable de la patria de Bolívar, se hable de la patria de Chávez, se va a hablar de un único sentimiento: de la integración de los pueblos de América Latina.

Yo solo espero que seamos fieles quienes creemos en ese concepto, en esa idea, creemos en sus valores, y seamos dignos en torno a seguir propiciándolos.

No por la desaparición de Chávez desaparece la revolución. El Chavismo como se ha dado existe en Venezuela. Lo que tenemos en América Latina es el sentimiento profundo bolivariano. La patria de Bolívar es entera América Latina. Y ese es el tremendo legado que el Presidente Hugo Chávez Frías ha dejado a América Latina.

Quiero decirle al Presidente Comandante que, por cierto, seguirá gozando de nuestra admiración, seguirá contando con nuestro apoyo porque nos ha dado una lección tremenda de cercanía de cariño y, particularmente, de humildad. Porque si algo caracterizaba al Presidente Chávez es su tremenda humildad, venido de una cuna de hijo de profesores primarios, venido desde el seno de un pueblo humilde (Santa Inés de Barinas) logró llegar a la más alta magistratura de su país en base al mérito, en base al esfuerzo y en base al cariño de un pueblo que hoy día lo sigue apoyando y lo sigue llorando.

¡No le decimos adiós al Presidente; le decimos “hasta siempre”!

Solo decir, en este doloroso momento, nuestra palabra de acompañamiento a la familia del Presidente y al pueblo de Venezuela. Decir que el mejor tributo es que ese proceso revolucionario continúe y se fortalezca con la independencia, con la autonomía que lo ha caracterizado.

He dicho, señor Presidente.

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