“Si el Gobierno nos quiere empujar de nuevo al fondo de la mina, volveremos”

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El camino que lleva a la Mina Santa Ana es un laberinto entre árboles, tierra y misterio. Cerca de dos lloras de viaje desde el centro de Concepción hasta las cercanías de Curani-lahue anteceden la llegada a un lugar inundado por la ansiedad de las familias, desesperación por el incierto futuro del yacimiento tras una decisión cuestionable y en el que los pocos rayos de sol que iluminan los senderos parecen ser un cronómetro en cuenta regresiva.

Ansiedad y desesperación que alcanzan su punto más emotivo pasadas las 23 horas del lunes, cuando los sesenta pirquineros que depusieron la huelga que llegó a 42 días se reencontraron con sus familias. “No recuerdo cuándo fue la última vez que lo vi”, cuenta Sonia Rebolledo, esposa y compañera de vida por 34 años de |ob Riquelme, uno de los mineros que integró la movilización.

El momento del encuentro está marcado por la interrupción del silencio que dan los gritos de júbilo, las lágrimas que cortan las palabras y las luces de los cascos rojos. “Con mi esposa somos sú per unidos, nos llevamos dema siado bien y ha sido más difícil no estar con ella. Todo lo que he hecho es por ella”, cuenta Riquelme con una voz entrecortada y minutos después de dar un emotivo discurso a sus compañeros tras salir del fondo del mundo.

TODOS UNIDOS

“Ahora vienen acá, antes nadie venía y a nadie le importaba lo que nos pasa”, dicen un grupo de pirquineros que no participaron de la movilización, mientras a unos pocos metros la esposa de uno de los mineros sólo clama por su pronta salida: “Se dice que hay que tener fe y espero que el Gobierno cumpla. Ellos han hecho todo para un pueblo que necesita trabajo”. Es el dividido ambiente que se vive pasadas las 21 horas a la entrada de la mina.

El sol sigue cayendo y la hora de salida se acerca a las 22 horas, luego de que el senador Alejandro Navarro llegara al lugar y secundado por Luis Chandía, representante de los trabajadores, se aprestaran a conversar con las familias y afinar los últimos detalles de salida. “Este esfuerzo debe terminar en un logro constructivo. La condición de que los mineros estén en la superficie para una mesa de trabajo que permita hacer productiva la mina fue aceptada y eso debe ser valorado”, cuenta el parlamentario a quien los pirquineros destacan por su actitud.

El reloj marca las 21.50 y desde el fondo de la mina se ven las primeras luces, mientras los carros suben.

De a pie, todos juntos, los sesenta mineros abandonan el encierro agradeciendo a Dios en medio de los aplausos. “Estuvimos al interior de la mina por una sola razón: trabajo. Para nosotros no ha importado el costo, imagínese cuantos días lejos de nuestras familias, fiestas y cumpleaños. Seguiremos luchando, con salir no significa que nos rendimos”, dice Job Riquelme, quien seguramente en sus palabras tendrá presente a Sonia y su familia.

CON DIOS DE SU LADO

Uno de los primeros en recibir a los mineros y quien entregó a cada uno un abrazo con una bendición fue el padre Pablo Leiva.

El párroco de Curanilahue fue uno de los actores claves en la participación de la iglesia, junto a monseñor Fernando Chomali, quien se reunió con representantes de los pirquineros y comprometió su participación, si fuese necesario, en cualquier instancia de diálogo.

“Bajaba muchas veces con temor, porque no es fácil hablar en estas circunstancias pero me daban testimonios de mucha fuerza, esperanza y fortaleza, lo que pude apreciar”, cuenta el párroco. Y agrega que “ojalá esto llegue a buen fin. Es un problema que vivimos hace un año y medio acá. Tengo mucha confianza en que por última vez tengan que salir de la mina en estas circunstancias y la próxima sea por trabajo”.

SALUD A CUESTAS

Una de las principales preocupaciones de las autoridades era el estado de salud de los mineros. Por ello, el Servicio de Salud Arauco se hizo presente a diario para chequearlos. “Los principales problemas son musculares, por el poco movimiento y el encierro”, cuenta Diego Rojas, enfermero del hospital de Curanilahue.

Vómitos y diarrea fueron una tónica al interior de la mina, al exterior uno de los mineros fue encontrado con antecedentes de diabetes y altos índices de glicemia. Además, la otra preocupación está centrada en que seguirán pernoctando a las afueras de la mina. “Si se mantiene esta condición, puede empeorar su salud. Como servicio de salud estamos evaluando los pasos a seguir y sobre todo, monitoreando el estado de cada uno. La idea es traer medicamentos y controlar su evolución”, agrega Rojas.

Ninguno de los mineros se aventura a entregar detalles de quien está detrás del futuro de la mina. “Nos pidieron requisitos, como el comprador y mercado, y ahí están, depende de ellos como siga la negociación. Esta mina es viable por unos 20 a 30 años más. Hace dos días el Gobierno manifestó su intención de hablar con nosotros, antes nada de nada”, dice Gabriel Ferreira a sus compa ñeros y pocos presentes.

Se trataría de un empresario del rubro de la construcción de San Pedro de la Paz, quien cuenta con inversiones en la Provincia de Arauco. “Es alguien que tiene la solvencia económica para hacerse cargo. La idea de él es repartir las ganancias 60% para él y 40% para los trabajadores”, cuenta una persona que ha participado de la negociación.

MESA DE NEGOCIACIÓN

Mientras que el síndico de quiebras dice no conocer la oferta y sólo esperar que se cierre lo más rápido posible la situación, los mi ñeros seguirán pernoctando en !a entrada de la mina a la espera de soluciones. Incluso la mesa de negociación tiene plazos y condiciones, según indicó Gabriel Ferreira: “No debería pasar de esta semana y si el Gobierno no quiere ceder, nuevamente nos están empujan do a la mina. Llegaremos a las últimas consecuencias ya que no tenemos alternativa de trabajo”.

Los senderos se tiñen de oscuridad y los focos de los vehículos abren paso para dejar atrás la mina Santa Ana. Con las luces a lo lejos, Job Riquelme se apresta a esperar el resultado de la mesa de trabajo mientras disfruta el reencuentro con su familia. “Con lo que tenemos somos felices, tenemos hijos y nietos. Dios es mi testigo y mi esposa es un regalo; poder salir y estar con ella es algo impagable”, cierra mientras toma la mano de Sonia.

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Fuente: Diario El Sur

 

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