Trato de Budapest sobre reconocimiento internacional de deposito de microorganismos

El señor NAVARRO.- Gracias, Presidente.

Por cierto, la economía abierta de Chile ha posibilitado la firma de un número importante de tratados de libre comercio, multilaterales, bilaterales. Y, por cierto, en dichos tratados de ambos aspectos, bilaterales multilaterales, suscritos por Chile con países como Estados Unidos, firmado el 6 de junio de 2003, que entró en vigencia el 1° de enero de 2004.
Y la verdad es que claramente en ese tratado, los derechos de propiedad intelectual pasaron a ser una parte importante del mismo. Yo recuerdo que fue un tema crucial, sobre el cual no hubo ningún tipo de renunciación de parte de los Estados Unidos. Y más bien de imposición.

Yo solo quiero recordar que en la Cámara de Diputados el único que votó en contra fue el Diputado Sergio Aguiló; el resto votamos a favor, porque así lo pidió el Gobierno, porque así se obtenían las rebajas en los aranceles.

Pero en dicho tratado, que debía estar vigente antes del 1° de enero 2009, las partes debía ratificar o adherir a la Convención Internacional sobre la Protección de Nuevas Variedades de Plantas (UPOV 1991). Es decir, había una exigencia explícita al cumplimiento de la ratificación, con la firma de un tratado con un año particular y específico.

Si bien ninguna disposición de ese capítulo relativo a los derechos de propiedad intelectual irá en detrimento de las obligaciones y derechos de una Parte respecto de la otra en virtud del acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual, claramente hay observaciones que vale la pena hoy día reafirmar.

Señor Presidente, la primera Acta de la UPOV fue redactada el 61, principalmente por gobiernos industrializados que deseaban proteger a los obtentores, tanto en sus mercados locales como externos. El Convenio fue posteriormente revisado por Actas sucesivas el año 72, 78 y 91. La versión del 91 del Convenio de la UPOV entró en vigor en abril del 98. Desde entonces, particularmente el año 78, ha quedado oficialmente cerrado a nuevas adhesiones.
Estos acuerdo bilaterales a menudo exigen que el Estado en desarrollo se adhiera al tratado, al UPOV, en un plazo señalado y que haga efectivos sus estándares, ya sea miembro del Acuerdo de los ADPIC, o se incluyen niveles más estrictos de protección de propiedad intelectual. Es decir, manteniendo siempre la exigencia del cumplimiento férreo de la propiedad intelectual. Ejemplo de esto son los acuerdo bilaterales celebrados entre los Estados Unidos y Nicaragua (enero del 98); entre Estados Unidos y Jordania (octubre del 2000) y el Acuerdo de Libre Comercio entre Chile y Estados Unidos.
Y si bien Chile suscribió el tratado UPOV del 78, a partir del cual promulgó la ley 19.342, el TLC con Estados Unidos exige la adhesión a la del 91. El Acta o Convenio del 91 tiene distintos alcances a la versión anterior, del 78, debido a cambios en el contexto mundial.

El año 78 no existía el mismo desarrollo actual de la biotecnología ni tampoco la transgenia, y el nivel comercial e industrial de intercambio era mucho menor. Por tanto, el desarrollo de nuevas variedades estaba limitado a cultivadores más que a grandes empresas transnacionales. Y el patentamiento de nuevas variedades era mucho más limitado.

En este contexto, en mi opinión, debiera enmarcarse la discusión de este proyecto, y que pretende ratificar el convenio UPOV del 91. Y yo creo necesario que la Sala pudiera considerar los siguientes aspectos:
Al 15 de enero del 2011 este convenio, en cualquiera de sus versiones (72, 78 y 91), ha sido suscrito por 68 países. Sin embargo, países como Argentina -nuestro vecino-, Bolivia, Brasil, Bulgaria, Canadá, China, Colombia, Ecuador, Francia, Irlanda, Italia, México, Nicaragua, Noruega, Panamá, Paraguay, Portugal, Uruguay, entre otros, solo han adherido al UPOV del 78.
La pregunta es: nuestros vecinos gigantes de Argentina y Brasil no han adherido al del 91, y están desarrollando un trabajo masivo al nivel, por cierto, de cultivos y también de obtentores.

Es importante destacar de que muchos de estos países de América latina no han adherido a este Convenio y solo han suscrito el del 78, porque la verdad es que tienen serias observaciones.

La diferencia entre el UPOV del 78 y el del 91 radica fundamentalmente en el Acta o Convenio del 91, que estipula que se requiere la autorización del obtentor para la producción o reproducción de semillas para cualquier otro fin. Es decir, el obtentor establece una preferencia respecto de sí por sobre el llamado “privilegio del agricultor”. Es decir, el que obtiene la innovación de la creación de la semilla pasa a tener el control…
El señor PIZARRO (Presidente).- Ha terminado su tiempo, señor Senador.

El señor NAVARRO.- ¿Fueron 5 minutos, Presidente?

El señor PIZARRO (Presidente).- Siete.

El señor NAVARRO.- Siete. Entendía que eran 10.

Tenemos una clara diferencia, entonces, respecto de si hay un derecho del obtentor al igual que el agricultor.

La pregunta que podemos hacernos es si un campesino puede saber un campesino si una variedad es notoriamente conocida, es decir, si es de propiedad de un obtentor?, ¿cómo lo sabe?, ¿cómo hacemos que se sepa quién es el obtentor?
El artículo número 10, señor Presidente, pone en desigualdad de condiciones y protege a los pequeños campesinos y comunidades indígenas, ya lo planteaba el Senador Letelier, que han desarrollado variedades para su uso. Estas pueden ser inscritas por personas naturales o jurídicas, nacionales o extranjeras, sin respetar al verdadero obtentor. ¿Cómo protegemos lo que han hechos nuestros agricultores pequeños, nuestras comunidades indígenas?

Es por eso, señor Presidente, de que claramente si no tenemos, primero, un análisis comparativo real entre ambos convenios, la verdad es que estoy por o votar en contra, señor Presidente, o abstenerme, más bien votar en contra, porque existen profundas inquietudes y hay una gran nebulosa respecto de por qué Chile debiera adscribir a este convenio en circunstancias de que nuestros principales vecinos de América latina, estoy hablando de Argentina y Brasil, no lo ha hecho. Y no lo han hecho por razones fundadas: proteger a sus productores agrícolas, a los pequeños agricultores agrícolas o también a los grandes productores agrícolas por sobre los obtentores. Y si bien esto pudiera estar enmarcado en el cumplimiento del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos yo creo que es cierto que amerita una segunda lectura.

El tratado de libre comercio tenía dos posibilidades: o se votaba a favor o se votaba en contra. No hubo debate. Este Parlamento no lo debatió. Lo debatió solo la Comisión de Relaciones Exteriores. Se sometió al Parlamento a ponerse de rodillas, así se hizo. No hubo posibilidad de conocerlo en detalle.

Es por eso, señor Presidente, que de no mediar una aclaración de estas observaciones voy a votar en contra.

¡Patagonia sin represas, señor Presidente!

He dicho.

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