Defendamos la democracia en Brasil

dilma

Por senador Alejandro Navarro

Me asombra el silencio político y social que hay en Chile en torno al avance del impeachment contra Dilma Rousseff. Si bien, es cierto que tanto Dilma, el PT, así como el propio Lula, cometieron errores (negar eso es de ciegos, y la ceguera apasionada nubla el buen juicio), las fuerzas democráticas no podemos quedarnos de brazos cruzados, cuando se está derribando un gobierno por la vía del golpe blando.

El golpe blando, ideado por el estadounidense Gene Sharp, se caracteriza por la utilización de armas comunicacionales, psicológicas, sociales, económicas y políticas, con el fin de generar incertidumbre, confusión y miedo en las personas, a fin desestabilizar un gobierno. Armas que sin duda son de menor costo económico que las convencionales utilizadas en la guerra, pero no por ello, menos violentas y efectivas.

El golpe blando es producto de una degeneración comunicacional, parte de la naturaleza de los sistemas organizados en forma de oligopolio y reflejo de la inevitable concentración de poder que sufren los países, cuestión a la que Chile no está ajena dada la concentración de medios existente.

Pero quiero llamar la atención en que pareciera que estos hechos no nos afectan como comunidad latinoamericana, que no hemos aprendido el alto valor de la democracia. Pero lo que no me asombra, es observar cómo se repiten una y otra vez argumentos de las grandes cadenas de la prensa internacional. Si esa es la única fuente de información vamos directo al despeñadero, porque la realidad es que pocos conocen en detalle por qué razón se pretende juzgar a Dilma.

Pues es justamente la prensa secuestrada por la derecha política internacional y los grandes grupos empresariales, la encargada de no permitir el avance en el cumplimiento de los derechos de los más postergados en nuestra América.

Una América Latina desunida, presa de los nacionalismos y los chauvinismos: todos contra todos, peleando por fronteras, por tendencias políticas, por un pedacito de tierra o hasta por las migajas del comercio. Pero por otra parte, muy alineados para ingresar al TPP, cueste lo que cueste, hipotecando así, la soberanía de nuestro territorio.

Atacar a Dilma y destituirla es debilitar al MERCOSUR, es disminuir la incidencia del BRICS, en definitiva, es el clásico “dividir para reinar” con el que históricamente han actuado las grandes potencias.

Menos tímido que la Nueva Mayoría y las fuerzas democráticas en Chile ha resultado el demócrata Bernie Sanders, ex candidato presidencial norteamericano, quien en los últimos días se ha manifestado duramente sobre esta modalidad de golpe blando en Brasil.

El mismo Sanders que hace cuatro décadas se opuso al apoyo de Estados Unidos al golpe de Estado en Chile, coincide con Dilma, en que es necesario llamar a nuevas elecciones en Brasil, sea cual sea el resultado del proceso de impeachment.

Es más, esta semana en Brasilia, se dio un paso más hacia la destitución de Dilma, votándose favorablemente, con 59 votos el informe del senador Antonio Anastasia.

Celebra el gobierno de Temer, quien en el marco de un gobierno provisorio y golpista, no presta atención al alto índice de impopularidad con el que ya cuenta, con manifestaciones en su contra inclusive dentro de los Juegos Olímpicos de Rio.

Un referente brasilero de alto peso como lo es el ex Ministro de Abogacía General de la Unión, José Eduardo Cardozo manifestó que “un Presidente de la República no puede ser apartado de su cargo por razones políticas”.

Lo claro, es que estamos ante un golpe blando, con la complicidad de la gran prensa brasilera, los grandes grupos empresariales y la mirada distraída o cómplice desde el exterior y de un tímido secretario general de la OEA, Luis Almagro.

Cualquier similitud con Chile de los años 70’ no es mera coincidencia. Sino, pregúntenle a Sanders, el demócrata norteamericano.

Dijo hace muchos años Martin Niemoller[i], una frase adjudicadas a Bertol Brecht.

Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.

Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.

Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.

Eso no puede ocurrir con las fuerzas democráticas en Chile.

[i]Martin Niemöller fue un pastor protestante alemán. Abierto opositor al régimen de Hitler, sufrió encarcelamiento durante largos años y se convirtió en un pacifista de resonancia internacional. Biografía completa en: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/n/niemoller.htm

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