Tenencia de animales domésticos en edificios y condominios

El señor NAVARRO.- Señor Presidente, el proyecto que nos toca ver ha surgido por cierto desde una necesidad ciudadana cada día más vigente.

Las personas que han tomado la decisión de vivir solas es cada día mayor en nuestro país. Es decir, no la soledad por obligación, sino la soledad por decisión.

Se estima que en Chile el 13,4 por ciento de la población adulta mayor vive sola, según lo indicado por el censo del 2002. Y, por cierto, dentro de esta decisión de vivir solo, es decir, solo desde la perspectiva del animal humano, del hombre, aislarse y vivir solo incluye una tendencia cada día mayor a tener como parte de la familia, o como parte del hábitat a un animal.

La actual Ley de Condominios, señor Presidente, establece regulaciones respecto a las condiciones de como es posible que, en condominios, departamentos, casas condominio, se regule la tenencia de animales domésticos.

Son cada día más las personas que viviendo solo hacen su opción de vida, hacen ejercicio de su derecho a vivir con quienes ellos quieren. Y en muchos casos, esa decisión no es otro ser humano, sino que es un animal doméstico.

El Código Civil establece en su artículo 608 distinción entre animales: bravíos, salvajes, domésticos y domesticados.

Yo no sé por qué esa acepción no se le aplica también al hombre, que es también un animal, por cierto un mamífero, que puede ser bravío, salvaje, doméstico o domesticado, depende de su condición civil y del comportamiento familiar que tenga en la casa.

Pero la verdad, señor Presidente, es que se han sucedido casos que…

El señor NAVARRO.-…escapan a la posibilidad de que los reglamentos de los condominios puedan regularlo de la manera más adecuada.

Y, en efecto, ha habido casos en que los reglamentos autorizados por la actual Ley de Condominios han prohibido terminantemente la convivencia o la tenencia de animales domésticos, aun cuando su dueño o su dueña pueda brindarle el mejor de los cuidados. Y se han suscitado, por cierto, juicios, que han ido parar a los tribunales en este caso municipales, policía local, que han fallado en Derecho -comillas- de que en definitiva la Ley de Condominios da esa posibilidad de prohibición a quien ha entregado en este caso muchas veces a las empresas constructoras que al momento de vender ya tienen redactado el reglamento de condominios.

Y si bien, la Ley de Condominios establece un conjunto de requisitos esenciales respecto de cómo se regula infracciones de una a tres unidades tributarias mensuales, establece cómo se puede modificar el reglamento, establece cómo puede irse a los tribunales a resolver los motivos de controversia, hay un hecho que efectivamente no está contemplado y que es la facultad de la prohibición total y absoluta.

Y la verdad es que quienes han inspirado este proyecto de ley, que son casos muy especiales y de connotación nacional, que son personas que, viviendo solas, han optado por tener un animal doméstico, bien cuidado, bien tenido, han tenido que deshacerse de él. Y como dicen múltiples encuestas que se han realizado en Chile y también en otros lugares como en Brasil, muchos dueños de estos animales lo consideran una mascota, pero también como parte de la familia, como un hijo.

Y es impresionante conocer el grado de personas en Chile que cuenta con una mascota en su hogar, ya sea perro, ya sea gato. Cuando estamos hablando de mascotas domésticas estamos hablando de animales pequeños. Y en los condominios, entre personas tolerantes se ha permitido la existencia de animales pequeños que compartan los espacios comunes, y cuando su dueño no cumple, su dueño sea sancionado. Así lo establece la ley, con una a tres unidades tributarias mensuales.

Pero en muchos casos, no habiendo ninguna infracción, y no habiendo ningún reclamo hay alguien que efectivamente hace uso del instrumento no producto de que haya un reclamo, de que haya un destrozo, de que haya una feca en lugares comunes, sino sencillamente porque no quiere que otra persona viva con una animal dentro de su propiedad privada.

Y, entonces, estamos frente a un debate, que más allá de la trivialidad de decir con quién uno quiere vivir, que no debiera ser una trivialidad, por el contrario, es un elemento esencial, yo decido con quién vivir en mi propiedad privada, lo que tenemos es un debate que adquiere características constitucionales: si es posible limitar el derecho dentro de tu propiedad privada, tu casa, habitación, el derecho a vivir con quien tú lo decidas.

Y creo, junto al profesor Zapata, de que efectivamente la ley de Copropiedad Inmobiliaria, en el caso de los condominios, viola un derecho constitucional, o al menos lo cuestiona. Es decir, la delegación a los otros, copropietarios, de negar a esa persona propietaria de un bien inmueble a tener la posibilidad de vivir con quien haya decidido.

Algunos constitucionalistas señalan que efectivamente esto está más allá de la Constitución. Y dicen derechamente: “no puede prohibir nadie” -así lo dice el profesor Zapata, constitucionalista, abogado, profesor de la Universidad Católica y profesor de Derecho Constitucional, Patricio Zapata Larraín- de que efectivamente no puede prohibirse a las personas poder establecer la forma o particularmente con quien pueda compartir su casa habitación.

La ley en el caso de los humanos establece que cuando el matrimonio está fallido el juez puede decir que el esposo, generalmente, pero no siempre el esposo, no puede acercarse a la propiedad. Y es sacado del hogar. Y declara una restricción al derecho de vivir dentro del hogar.

Pero particularmente en este caso, la restricción a poder determinar si una persona puede o no compartir su casa habitación con un animal es abiertamente inconstitucional, el reglamento es inconstitucional. No había motivo para esa restricción, salvo que efectivamente existan razones extraordinarias de alteración del orden, razones extraordinarias de daño a la propiedad privada. En esas condiciones uno podría decir la regulación podría ser insuficiente, pero sería un juez el que podría determinar si efectivamente allí hay prohibición.

Pero cuando esto no ocurre en bienes de dominio común y se ha pretendido reglamentar un derecho como es el uso de los espacios comunes, pero más aún, el uso de los espacios interiores de las viviendas, muchos especialistas señalan de que se ha trasgredido la Carta Fundamental respecto del derecho del titular de la propiedad para poder hacer uso efectivo del dominio de esa propiedad.

Y, señor Presidente, este proyecto tiene como objetivo establecer que ese derecho sea por cierto ejercido pero particularmente poniéndonos a la altura de lo que viene: cada día más personas deciden vivir solas o deciden vivir con un animal. Y ese animal no es un animal cualquiera, forma parte de su familia, así lo dicen las encuestas. La gente que vive con animales pequeños no los considera animales, los considera como hijos. Los brasileños también: el 40 por ciento de los dueños de mascotas en Brasil considera que la mascota es como un hijo.

Y en Chile por cierto, hay una tasa de un animal cada tres habitantes. Somos buenos para tener animales domésticos, pero somos malos para cuidarlos. Somos buenos para tener gatos y perros: 3 millones 193 mil perros en Chile, y 1 millón 763 mil gatos, lo que da una tasa de un animal por cada tres habitantes.

La pregunta es: ¿Son buenos dueños de mascotas, tenedores de mascotas los chilenos? Y la respuesta clara es no.

¿Quiénes son los buenos tenedores? Precisamente aquellos que las leyes de copropiedad les prohíben tener. Porque son personas que han dedicado parte de su vida o ya su vida tardía a compartir con un animal pequeño. Y parece absolutamente contradictorio e injusto que siendo estas personas los que más cuidan sus animales se les prohíba tenerlos.

Lo que propone el proyecto de ley es regular y establecer las condiciones, duras, fuertes, pero efectivamente en ningún caso, la prohibición.

¡Patagonia sin represas, señor Presidente!

He dicho.

El señor NAVARRO.- Señor Presidente, sin duda este debate puede ser enfocado desde los más diversos tipos. El tipo constitucional, está claro que el artículo 19 N° 24, está claro cuando se pueden restringir ciertos derechos, particularmente el derecho a la propiedad privada, al uso y goce, beneficio. Son por los intereses de la nación, son por utilidades de salubridad pública, por seguridad nacional, por conservar el patrimonio ambiental.

La verdad es que esta restricción es extraordinariamente peligrosa. Y yo creo que algunos Senadores que han planteado este derecho a que una, comillas, “mayoría” decida por la minoría sobre cómo vivir y qué tengo adentro de mi propiedad sea respetado más adelante y que no cambiemos de criterio.

Lo que hemos dicho es de que no -en argumentación del Senador Sabag-, no es que vayamos a tener mascotas peligrosas. Estamos hablando de mascotas dentro del Reglamento de Copropiedad. Lo que estamos discutiendo es si una empresa constructora, porque tal pareciera aquí que se piensa más en la empresa que le vende, porque los casos que estamos denunciando son cuando la empresa dice: “Yo tengo mi mascota, tengo mi gatito, ¿puede vivir? Sí puede vivir”. Y llega otra persona y dice: “Yo la verdad es que detesto a los animales, quiero vivir solo. “No se preocupe, aquí está prohibido”. Porque el que hace el reglamento, Senador Novoa – por su intermedio, Presidente-, no es la comunidad.

Yo desafío a los Senadores de las grandes urbes, de la Región Metropolitana, que pregunten en cuántos edificios o en cuántos condominios se han juntado los vecinos a discutir el reglamento de copropiedad. Es un reglamento que hacen las empresas a uso y beneficio de sus intereses de venta.

Ese es el tema. No lo hacen los ciudadanos.

Yo quiero señalar que creo, y este es un punto intermedio, de que si hoy día la ley da esa garantía para que una empresa constructora determine cómo se vive al interior de la propiedad privada, y el proyecto buscaba establecer que no se pudiera prohibir, ¡que el juez de Policía Local lo decida! Porque en definitiva, si no cometemos múltiples arbitrariedades.

¿Por qué a la madre de alguno de los señores Senadores que están en el Hemiciclo, si vive sola y vive con su gatito o con su mascota, se le va a prohibir vivir con eso, cuando no causa problema a nadie?

Hay niños abandonados. ¡Por favor! ¿Cuánto tiempo pasan con sus niños los Senadores; cuánto tiempo pasa un señor profesional? Cuidan a veces, por cierto, muy poco a los niños y hay personas que sí cuidan a sus mascotas.

Estamos estableciendo el derecho de que esas personas puedan vivir con su mascota sin menoscabar a nadie en el condominio. Puedan vivir al interior de su vivienda, y en casos calificados, que el juez pueda decidir.

Eso no está en el proyecto.

Yo quisiera pedirle a los Senadores que lo decida el juez de policía local. Si efectivamente hay una aberración, hay un grave incumplimiento, que el juez determine: “Señor, usted no puede vivir con un animal, porque ha cometido la siguiente falta”. Pero establecer que la empresa constructora, como ocurre hoy día, pueda establecer cómo se vive dentro de mi casa o de mi departamento, es un principio que si se acepta así lo haremos valer entonces en otras oportunidades. Porque estamos hablando del derecho a uso y goce y beneficio de una propiedad privada.

Yo recuerdo el debate sobre la esclavitud, cuando se debatía en la Amistad, si los negros eran cosas o eran personas. Y efectivamente el debate jurídico estableció que eran cosas y por lo tanto tenían los mismos derechos que los televisores, que las plantas, y hoy día si lo quiere el debate constitucional, los perros son cosas y, por lo tanto, su dueño puede determinar su uso, goce y beneficio.

Estamos tratando de tener la mayor nitidez posible para no cometer arbitrariedades. Y del mismo modo como algunos Senadores han planteado que se pueden cometer distorsiones, yo planteo que no las cometamos con gente que cuida sus mascotas, las quiere, las mantiene y son parte de su familia: las consideran un hijo. Y esos son los adultos mayores y también muchas personas que han decidido vivir solas. Si a esas personas les vamos a prohibir, por un reglamento elaborado por una empresa constructora, que no puedan vivir con su mascota, yo creo que estamos cometiendo una arbitrariedad, ética, política y, por cierto, constitucional, como lo han dicho muchos especialistas.

Ojalá pudiéramos reevaluar y que diéramos esta facultad, señor Presidente, antes de rechazar o votar, al juez de policía local para que él prohíba cuando hayan presunciones claras de incumplimiento grave que hagan incompatible la vida en ese condominio, en ese espacio, con un animal doméstico mascota, que son muy calificados.

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